las dos mitades de un sueño.

Cambió sus botas por lunas
-piernas para qué te quiero-,
alzó sus alas al vuelo,
remontó del suelo al cielo
donde porfía y promulga,
paños del mismo pandero,
el yin-yang de algún misterio:
A cara y cruz, se conjugan
lunas de miel, por ser una,
las dos mitades de un sueño.
(rioderradeiro)



