"¡Ojo al cristo, que es de cera!”.
¿DE QUÉ DEMOCRACIA HABLAMOS?
Todo presidente de los Estados Unidos que se estrena acostumbra, venga o no venga al caso, hacer una promesa que quizás por lo reiterativa ya no sorprende a nadie pero, en realidad, es base fundamental de la política internacional norteamericana desde que dejó de ser colonia inglesa. La promesa, aparentemente simple e inofensiva, condensa y expone la conducta, a seguir indefinidamente y explica a perfección lo que USA hizo hasta ahora y lo que hará en adelante. Oigamos al presidente Obama durante el acto de toma de posesión: “Los Estados Unidos de Norteamérica harán todo lo que sea necesario para defender sus intereses en cualquier parte del mundo donde estén amenazados”. ¡Más claro, agua!. Como vemos, la afirmación tantas veces repetida por los mandatarios de turno se reproduce, se reitera y queda sustituyendo al ya corto e inocuo “América para los americanos” de Monroe, en 1823, que se quedó obsoleto.
A mediados del siglo XIX, son anexionadas Texas, Nuevo Méjico y California. Exterminio de los sioux y, los pocos que sobreviven son confinados a reservaciones de las que se les prohíbe salir. A finales del mismo siglo, invaden Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Salen poco después de Cuba, dejándole como atadura la Enmienda Platt. Poco después, intervienen en Méjico, Haití y Panamá, separando a esta última de Colombia; luego...,es historia reciente que toda persona medianamente formada conoce.
Su intervención en la última Guerra Mundial, pone en sus manos un botín como el que ningún imperio a lo largo de la Historia pudo soñar. Ya no se trata de la adquisición simple de colonias y tierras más o menos ricas, sino del dominio claro o disfrazado del mundo entero, fenómeno que justifica plenamente las palabras de Obama en su toma de posesión: “Defensa de los intereses norteamericanos en cualquier parte del mundo”.
Esto no es una brabuconada, es una realidad “real”, guste o no guste. Obama, al tomar posesión de la silla presidencial, está firmemente convencido de que su dominio abarca el mundo. entero. En esta idea fue formado y en ella cree, por muy amplio, liberal y democrático que parezca el hombre.
Esa Norteamérica, que hasta ahora ha venido consiguiendo y acaparando la mayor parte de las riquezas del mundo sin muchos inconvenientes y contratiempos, también ha venido formando, o deformando, tanto al ciudadano común como al privilegiado, adaptándolos al “ordeno y mando” de su ambiente.
Cuando Bush ordena que se ahorque a Sadam Husseín de manera pública, indignante y criminal, está señalando claramente no sólo su absoluta falta de humanidad, sino la insensibilidad de un pueblo como el yanqui que, ante el hecho, no dijo ni pío. ¡Mataron un perro!...Bush no pudo pensar, ni siquiera por un instante, que aquello era un asesinato mondo y lirondo y que él era un pobre e infeliz criminal. “ Los Estados Unidos de Norteamérica defenderán sus intereses en cualquier parte del mundo” cubre, tapa y arropa toda otra consideración. Dígalo Guantánamo y Chorrillos, díganlo Noriega y Aristide. Díganlo Allende y Milosevic, por sólo nombrar casos cercanos en el tiempo; porque, si nos vamos atrás, para los yanquis, todo el mundo sirvió de matadero. La equivocación bushchiana, traída por los pelos y a destiempo en los hechos de Irak, ahí queda. Bush sabia perfectamente lo que hacía y allí, en aquel país, quedaron los cementerios abarrotados. Mientras tanto, el asesino vive ahora muy tranquilo jugando con la perrita, allá en su rancho de Texas. ¿Por qué no se le enjuicia como, por mucho menos, se enjuició a Videla y ,hora, a Fujimori? .
En los países pobres, donde las clases sociales se diferencian entre sí por sus modales, su apariencia, su manera de vestir, su trato y hasta su hambre, por lógica, los pobres buscan instintivamente a los suyos. Desgraciadamente, esto no siempre funciona y, con harta frecuencia, el miserable asume los valores del que lo explota. Esto en los Estados Unidos pareciera ser una constante. Difícilmente vemos organizaciones obreras o populares que, de alguna manera, salgan a la calle para expresar disconformidad por tal o cual crimen, invasión o salvajada de su gobierno. Pareciera que formar parte del país mas poderoso del mundo inmuniza contra la ecuanimidad, la honradez y hasta contra la compasión. Durante la criminal ocupación de Irak , o el no menos bárbaro bombardeo de Gaza, no pudimos ver ni una sola manifestación de las clases trabajadoras yanquis, gritando su desaprobación por las calles de sus ciudades. Hay ahí como un orgullo bobo por pertenecer al pueblo que golpea o que tiene la fuerza para golpear. El país ante el cual, de una manera u otra, se arrodilla el mundo.
Para millones de infelices de los barrios citadinos norteamericanos, pareciera que el hambre se sacia cuando pueden enseñar su partida de nacimiento, y la hipoteca ejecutada pierde importancia viendo por televisión como sus aviones último modelo arrasan con Bagdad.
La ONU y la OEA, hechuras norteamericanas, han devenido en las más eficientes fábricas de hipocresía humana. Se supone que su rol es hermanar, conciliar y hasta ayudar al pueblo o al país que tenga problemas. Sin embargo, lo que han venido haciendo hasta ahora es crearlos. Se supone que todos los países trabajaran para la paz y, en realidad, nunca hubo tantas desavenencias y tantas guerras como ahora. Se supone que todo país es dueño y señor de darse el régimen que quiera, y nunca se produjeron tantas intervenciones en las
-¿y qué?-, soberanías nacionales. Estoy por pensar que el mundo viviría mejor y más tranquilo si se eliminaran de un solo plumazo todas esas organizaciones que se crearon para vigilar países “malvados”, por cuanto los países guardianes hacen más daño que los vigilados. Dígalo Haití , a quien las fuerzas de ocupación que la ONU le impuso lo tienen condenado a una muerte lenta pero segura. Dígalo el Africa , antes expoliada y ahora dejada de la mano de Diós, con su hambre, su malaria y su sida.
ONU y OEA: La primera aceptando sin chistar durante cincuenta años el bloqueo criminal a Cuba, y la segunda, ensuciándose en los pantalones cuando el prepotente representante del Norte le pone cara feroche. De manera, pues, que, cuando Obama habla de “defensa de los intereses americanos en cualquier parte del mundo”..., ¡temblemos!. Los intereses de ellos no necesariamente son los nuestros. Más aún, los intereses de Venezuela, y por extensión los de Latinoamérica, por lo general chocan con los del Imperio. Terminaré aquí con una frase que supongo pocos lectores conocen y que viene de mi viejo maestro de primaria, allá por los años de 1930: “¡Ojo al cristo, que es de cera!”.



